El pirata
El pirata —La asustó a usted —dijo Peyrol, mirándola francamente.
Catherine dio un paso hacia él.
—¿Cómo? ¿Asustarme a mà el hijo de los Bron? Pero si era el hazmerreÃr de las chicas, siempre tonteando al salir de la iglesia los dÃas de fiesta, en la época del rey. Toda la comarca lo conocÃa. No. Lo que me dije fue que no me dejarÃa matar por él. La chica que acababa de arrebatarle estaba arriba, y yo estaba allà sola frente a aquel hombre con un sable, e incapaz de coger siquiera el cuchillo de la cocina.
—Asà que se quedó —dijo Peyrol.
—¿Qué quiere usted que hiciera yo? —preguntó Catherine, con franqueza—. Él habÃa sacado a la chica del matadero. Tuvo que pasar mucho tiempo para que yo me hiciese una idea de lo que habÃa sucedido. Ni siquiera ahora lo sé todo con exactitud, y supongo que nunca lo sabré. Tardé pocos dÃas en tranquilizarme respecto a Arlette, pero pasó mucho tiempo antes de que hablara, y cuando lo hizo no se refirió a nada en particular. Y ¿qué podÃa hacer yo sola? No estaba dispuesta a condescender y pedir ayuda de alguien. Los de Escampobar nunca hemos sido bien vistos por los labriegos de aquà —dijo orgullosamente—. Y esto es todo lo que puedo decirle.