El pirata
El pirata —No sé por qué, pero me da la impresión de que no será largo.
Peyrol no detuvo el movimiento de acá para allá de la brocha, pero lo hizo con esfuerzo. El hecho era que había descubierto en sí mismo una singular renuencia a alejarse de la granja Escampobar. Su deseo de tener algo propio que pudiese flotar ya no se relacionaba con deseo alguno de viajar. El tullido tenía razón. El viaje de la renovada tartana no le llevaría muy lejos. Lo que le sorprendió era la absoluta seguridad de su compañero. Parecía capaz de leer los pensamientos de los demás.