El pirata

El pirata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pasaba buena parte de su tiempo a bordo, bajando temprano, subiendo a mediodía, pour manger la soupe, y durmiendo a bordo casi todas las noches. No le gustaba dejar sola la tartana durante tantas horas. A menudo, cuando ya llevaba un cierto trecho de ascensión hacia la granja, se daba media vuelta para echar un último vistazo a la nave, rodeada ya por las tinieblas, y volvía atrás. Una que vez Michel se enroló como tripulante y fijó su residencia a bordo, Peyrol encontró mucho más aceptable pasar las noches en la habitación que parecía un faro, en lo alto de la granja.

Se despertaba frecuentemente por las noches, y se levantaba para mirar al cielo estrellado por cada una de las tres ventanas de su habitación. Entonces pensaba: «Nada hay ya en el mundo que me impida hacerme a la mar en menos de una hora». Bastaba con dos hombres, de hecho, para manejar la tartana. Así que el pensamiento de Peyrol era reconfortantemente exacto desde cualquier punto de vista, por cuanto amaba la libertad, y Michel, el de la laguna, carecía, una vez muerto su perro, de vínculo alguno. Era un hermoso pensamiento que le hacía muy fácil el regreso a los cuatro postes de su cama, entre los que conciliaba el sueño.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker