El pirata
El pirata Peyrol volvió, con parsimonia la cabeza para mirar larga y firmemente. El oficial naval y el pirata se contemplaron de nuevo con una escrutadora y sombrÃa franqueza. La intimidad, de tan reciente existencia entre ellos, no podÃa llegar más lejos.
—Escúcheme, Peyrol…
—No —dijo el otro—. Si quiere hablar, hable con el artillero.
Aunque parecÃa haber adoptado una especie de doble personalidad, el pirata no se mostraba más accesible en un carácter que en el otro. Sobre su entrecejo aparecieron surcos de perplejidad, y como el teniente no le respondiera en seguida, Peyrol, el artillero, le preguntó con impaciencia:
—De manera que están pensando en echarle el guante.
No le agradó oÃr al teniente decir que no era exactamente eso lo que los jefes de Tolón tenÃan en la cabeza. Peyrol expresó entonces la opinión de que el ciudadano Renaud era el único jefe naval digno de confianza. Sin tener en cuenta el tono desafiante, el teniente Réal se atuvo al tema de la conversación.
—Lo que ellos quieren saber es si esa corbeta inglesa estorba mucho la navegación de cabotaje.