El pirata
El pirata —No —dijo Peyrol—. No molesta a esa pobre gente, a menos, supongo, que algún barco actúe de forma sospechosa. La he visto dar caza a un navÃo o dos. Pero ni siquiera los capturó. Michel, ¿sabe usted quién es?, ha oÃdo hablar de ciertas capturas a la gente de tierra adentro. Claro que, hablando estrictamente, nadie está seguro.
—Cierto. Lo que querrÃa saber es qué tipo de actitud es la que los ingleses consideran sospechosa.
—Ésa es una buena pregunta. ¿Sabe usted lo que es un inglés? Hay dÃas en los que se mantienen tranquilos y descuidados, y al dÃa siguiente se le echan a uno encima como si fuesen tigres. Duros por la mañana, relajados por la tarde, sólo se puede confiar en ellos durante el combate, ya se les tenga por aliados o por contrincantes. Por lo demás, son absolutamente excéntricos. Se dirÃa que algo tocados, pero ni siquiera en eso se puede confiar totalmente.
Dado que el teniente le escuchaba con atención, Peyrol suavizó el entrecejo y se explayó sobre los ingleses, como si se tratase de una tribu extraña y muy poco conocida.
—Para decirlo de alguna manera —concluyó—, el pájaro más viejo de los suyos puede caer en el garlito, pero no todos los dÃas —agitó la cabeza y sonrió vagamente para sÃ, como si recordará uno o dos episodios singulares.