El pirata
El pirata —Maldito si lo hago —dijo, indignado, pero en una voz tan baja que Peyrol tuvo que aguzar el oÃdo para escuchar sus palabras—. Me tienes que explicar primero por qué me golpeaste en la cabeza.
Bebió con la vista puesta en Peyrol, y con el ánimo de que su gesto resultara ofensivo, aunque a aquél le pareció todo tan pueril que no pudo evitar la carcajada.
—Sacré imbecile, ¡va! ¿No te he dicho que fue por la tartana? De no ser por la tartana, me habrÃa escondido. Me habrÃa escabullido detrás de una mata como una… ¿cómo llamáis a la lièvre? —El otro, que iba sintiendo el efecto de la bebida, le miró con franca incredulidad—. Tú no tienes importancia —continuó Peyrol—. Si hubieras sido oficial te hubiera atrapado en cualquier caso. ¿Dices que tu oficial se fue por la escarpadura?
Symons suspiró profunda y sosegadamente.
—Ése es el camino que tomó. Le oÃmos decir a bordo que habÃa una casa por allÃ.
—De manera que fue a la casa —dijo Peyrol—. Pues si asà lo hizo, todavÃa se debe estar arrepintiendo. Media compañÃa de infanterÃa se encuentra acuartelada en la granja.