El pirata
El pirata —¿Cuál es el designio de Dios sobre esta criatura? —se preguntó a sà mismo.
—Monsieur le curé —dijo ella suavemente—, por vez primera en muchos años, hoy siento necesidad de rezar. Salà de casa con la intención de ir a su iglesia.
—La iglesia siempre está abierta para el peor de los pecadores —dijo el párroco.
—Lo sé. Pero hubiera tenido que pasar ante todos esos aldeanos, y usted, abbé, sabe bien de lo que son capaces.
—Quizá —murmuró el párroco— sea mejor no poner a prueba su caridad.
—He de rezar antes de volver a casa. Pensé que me permitirÃa entrar por la sacristÃa.
—SerÃa inhumano negarse a esta petición —dijo él, levantándose y cogiendo una llave que colgaba de la pared.