El pirata
El pirata El encuentro del teniente Réal con Peyrol tuvo lugar a medianoche, en el más absoluto silencio. Sentado en el banco de fuera de la salle, Peyrol oyó los pasos de Réal en el sendero de la Madrague mucho antes de que el teniente se hiciera visible. Pero no se movió. Ni siquiera le miró. El teniente desabrochó su talabarte y se sentó sin pronunciar palabra. La luna, único testigo del encuentro, parecÃa brillar sobre dos amigos tan iguales en ideas y sentimientos, que les resultaba posible conversar sin necesidad de palabras. Peyrol fue quien habló primero.
—Llega usted tarde.
—Tuve que andar detrás de esa gente hasta conseguir que me sellaran el certificado. Estaba todo cerrado. El almirante del puerto se encontraba celebrando una fiesta, pero salió a hablar conmigo cuando le comunicaron mi nombre. Y, ¿sabe usted, artillero, que durante todo ese tiempo no dejé de preguntarme si le volverÃa a ver otra vez en mi vida? Me lo pregunté incluso cuando ya tenÃa el certificado en mi bolsillo, donde se encuentra ahora.
—¿Qué demonios pensaba que me iba a ocurrir? —rezongó Peyrol, sin mostrar mayor interés. HabÃa tirado bajo el angosto banco el incomprensible bieldo y podÃa tocarlo con los pies en aquel sitio, junto a la pared.
