El pirata
El pirata —No. Lo que me preguntaba era si volverÃa yo a poner los pies de nuevo por aquÃ.
Réal extrajo un papel doblado de su bolsillo y lo tiró sobre el banco. Peyrol lo cogió descuidadamente. Aquello estaba destinado únicamente a echar polvo a los ojos de los ingleses. Tras un momento de silencio, el teniente siguió hablando, con la sinceridad de un hombre que ha sufrido demasiado como para guardarse su preocupación.
—Fue una dura lucha.
—TardÃa —dijo Peyrol en un tono terminante—. DebÃa regresar por pundonor, y, ahora que ha regresado, no parece muy contento.
—No se preocupe por mi aspecto, artillero. Ya tomé mi decisión.
Un feroz, aunque no desagradable pensamiento relampagueó en la mente de Peyrol. Aquel intruso en la siniestra soledad de Escampobar en la que él, Peyrol, mantenÃa el orden se encontraba en un error. ¡Decisión! ¡Bah! Su decisión no tenÃa nada que ver con su regreso. HabÃa regresado porque, según las palabras de Catherine, «habÃa sido señalado por la muerte». Mientras tanto, el teniente Réal se quitó el sombrero para enjugarse la frente.