El pirata
El pirata —No dirá nada ni escuchará nada. Puede hacer lo que quiera.
—¿Puede? —musitó Réal.
Ella se incorporó y movió la cabeza asintiendo varias veces, como diciendo que no cabÃa la menor duda sobre ello.
—¿También él está sediento de mi sangre? —preguntó amargamente Réal.
—No, no. No es eso. PodrÃas defenderte. Y yo podrÃa velar por ti. He velado por ti. Hace tan sólo un par de noches creà oÃr ruidos fuera y bajé las escaleras por miedo a que te fuera a pasar algo. Tu ventana estaba abierta, pero no pude ver a nadie, y sin embargo sentÃ… ¡No, no es eso! Es peor. No sé qué es lo que quiere hacer contigo. No puedo evitar tenerle un cierto cariño, pero ahora comienzo a tenerle miedo. Cuando vino aquà por primera vez y le vi, era exactamente igual que ahora, grande, tranquilo, aunque no tenÃa el pelo tan blanco. Me pareció que algo se me agitaba en la cabeza. Ya sabes lo gentil que era. Me sentà impulsada a sonreÃrle. Fue como si le hubiera reconocido. Y me dije: éste es, éste es el hombre.
—¿Y cuando vine yo? —preguntó Réal, algo consternado.