El pirata
El pirata De manera que no mostró ni sintió sorpresa alguna cuando apareció el patrón de la granja de Escampobar. Sentado en la desnuda salle, ante una botella de vino, el desamparado Peyrol se encontraba en el acto de levantar el vaso hacia sus labios cuando entró aquel hombre, aquel ex orador de piquetes, aquel líder de las turbas con gorros rojos, cazador de antiguos y de curas, abastecedor de guillotina; en pocas palabras, aquel bebedor de sangre. Y el ciudadano Peyrol, que nunca se había visto a menos de seis mil millas en línea recta de las realidades de la Revolución, depositó el vaso sobre la mesa, y con voz profunda e indiferente dijo:
—¡Salut!