El pirata
El pirata —Alguien ha de ser el último en este mundo.
—Bien, entonces, habrás de perdonarme todo lo que pueda ocurrir entre ésta y la hora del crepúsculo.
Obediente al timón, la tartana tomó el viento de popa y puso rumbo a oriente.
Peyrol susurró:
—No ha olvidado cómo surcar los mares —su indomable corazón, agobiado durante tantos días, tuvo un momento de gozo: la ilusión de una inmensa libertad.