El pirata
El pirata —Puedo ver tres cabezas a bordo, señor, y una de ellas es blanca. ReconocerÃa esa cabeza blanca en cualquier sitio.
El capitán Vincent no contestó. Todo aquello le parecÃa muy extraño, aunque posible, después de todo. El navÃo actuaba de una manera realmente sospechosa. En un tono mortificado se dirigió al primer teniente.
—Lo ha hecho muy bien. Merodeará por aquà hasta la noche, y luego se irá. Es perfectamente absurdo. No quiero enviar unos botes demasiado cerca de la baterÃa. Y si lo hago, él no tiene más que largar velas para escaparse y doblar la punta mucho antes de que le podamos dar caza. La oscuridad será su mejor aliado. A pesar de todo, le vigilaremos por si se siente tentado de burlarnos antes de que anochezca del todo. En ese caso tendremos una buena oportunidad para atraparlo. Si lleva algo a bordo, quiero hacerme con ello. Puede ser que, después de todo, sea algo de importancia.
A bordo de la tartana, Peyrol se hizo su propia interpretación de los movimientos del barco. HabÃa logrado su objetivo. La corbeta habÃa decidido darle caza. Muy satisfecho al respecto, aguardó su oportunidad y, aprovechando una larga turbonada con lluvia lo suficientemente espesa como para difuminar el contorno del buque inglés, abandonó el amparo de la baterÃa y marcó el baile para el buque de guerra, manteniendo la impresión de ser un navÃo intentando evitar su captura.