El pirata
El pirata —Puede ser lo que usted dice. Pero también puede ser usted un corrompido. Los marinos de la República se corrompieron con el oro de los tiranos. ¿Quién lo hubiera dicho? Todos hablaban como patriotas. Y, sin embargo, los ingleses entraron en el puerto y desembarcaron en la ciudad sin encontrar oposición alguna. Fueron expulsados por las tropas de la República, pero la traición pulula y acecha por doquier, se sienta en nuestros hogares y se oculta en el pecho de los representantes del pueblo, de nuestros padres, de nuestros hermanos. Hubo una época en la que floreció la virtud cívica, pero ahora se ve en la tesitura de esconder la cabeza. Y le diré por qué: no se ha matado lo suficiente. Parece como si nunca se matara lo suficiente. ¡Es descorazonador! ¡Hay que ver en lo que hemos venido a parar!
Su voz se apagó como si hubiera perdido súbitamente la confianza en sí mismo.