El pirata

El pirata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se apartó de la ventana y se encontró frente a frente con el sans-culotte, que, al parecer, se le había acercado por detrás, quizá con la intención de ponerle la mano sobre el hombro, pero que volvió la cabeza en aquel momento. La joven había desaparecido.

—Dígame, patrón —dijo Peyrol—, ¿hay por aquí alguna pequeña cala con la playa suficiente como para que yo pudiera guardar en ella un pequeño bote?

—¿Para qué quiere usted un bote?

—Para irme de pesca cuando me dé por ahí —respondió secamente Peyrol.

Súbitamente amansado, el ciudadano Bron le dijo que podía encontrarlo que buscaba a unas doscientas yardas de la casa, al pie de la colina. La costa, desde luego, era muy recortada, pero en aquel punto formaba una alberca perfecta. Y los ojos almendrados del bebedor de sangre de Tolón se hicieron extrañamente sombríos al mirar de hito en hito el rostro atento de Peyrol. Una perfecta alberca, repitió, en una ensenada que los ingleses conocían a la perfección. Dicho esto se calló.

Sin animadversión, pero con un gran aplomo, Peyrol observó que resultaba muy difícil mantener alejados a los ingleses de cualquier lugar en el que hubiera agua salada, pero que difícilmente podía imaginar la razón que hubiera podido atraerles hasta un punto como aquel.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker