El pirata
El pirata En la buhardilla llena de luz de la granja de Escampobar, el canoso Peyrol abrió el cofre, sacó todo lo que contenía y lo colocó cuidadosamente en el suelo, para depositar a continuación en el fondo del mueble su tesoro, que lo llenó exactamente. Después, de rodillas, llenó de nuevo el cofre. Una o dos blusas, una fina casaca de paño, un retal de muselina de Madapolan y una buena cantidad de excelentes camisas blancas… Todo un costoso vestuario que jamás se pondría. Con la seguridad de quien ha sido temido en su época, supuso que nadie osaría registrar su cofre. Se irguió, paseó la mirada por la habitación, estiró los brazos y dejó de pensar en el tesoro, en el futuro, e incluso en el mañana, con la repentina convicción de que se encontraba en el lugar que más podía agradarle.