El pirata
El pirata Cuando Peyrol dejó de hablar, el sonido de la campana se difuminó y cesó inesperadamente como habÃa comenzado.
—Hablando de sombras —dijo con indolencia el joven oficial—, yo he visto la sombra de esa mujer.
El viejo Peyrol se agitó ostensiblemente.
—¿Qué quiere usted decir? —preguntó—. ¿Dónde?
—La habitación que me asignaron para dormir anoche sólo tiene una ventana y estuve mirando por ella. Ésa es la razón de mi estancia aquÃ, ¿no? Ver qué es lo que pasa. De manera que, como me desperté súbitamente, lo primero que se me ocurrió fue echar un vistazo al vacÃo.
—Uno no ve sombras en el vacÃo —gruñó el viejo Peyrol.
—No, pero sà se pueden ver en el suelo, sobre todo cuando hay luna llena. La sombra cruzó esta explanada desde la esquina aquella de la casa.
—¡La patrona! —exclamó Peyrol en voz baja—. ¡Imposible!