El pirata

El pirata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Peyrol avanzó con rapidez hacia ella. No era hombre que perdiera el tiempo en maravillarse, y en esta ocasión sus zuecos no parecieron pesarle demasiado. La fermière, a quien los aldeanos llamaban Arlette como si fuera una chiquilla, pero con un tono extraño de temor casi reverencial, caminaba con la cabeza baja y los pies tan ligeros como una hoja al caer (según solía decir Peyrol). El ruido de sus zuecos hizo que ella levantara sus limpios ojos negros, tan tempranamente castigados por el terror de la sangre, que ya jamás miraban fijamente en dirección alguna, como si temiera que eso bastara para que el aire se viera atravesado por alguna descarnada visión de la muerte. Peyrol decía que aquella mirada trataba de no ver algo que no estaba allí, y esa evasiva, pero franca movilidad, formaba una parte tan crucial de su personalidad, que se sintió sorprendido al ver la firmeza con que, en aquel momento, la muchacha le devolvía la mirada.

—¿Le ha dicho él algo? —preguntó Peyrol, sin andarse por las ramas.

Ella le respondió con un tono impertinente y provocador, que también le sorprendió por su carácter de insólito.

—Ni siquiera se detuvo. Pasó a mi lado como si no me hubiera visto —y en ese momento se separaron sus miradas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker