El pirata
El pirata —¿Qué es lo que la incita a vagabundear por la noche?
Ella no esperaba tal pregunta. Inclinó la cabeza y tomó un pliegue de su falda entre los dedos, confundida como un niño.
—¿Por qué no había de hacerlo? —murmuró con voz tímida, como si poseyera dos voces diferentes.
—¿Qué opina Catherine?
—Dormía, o quizá sólo descansaba con los ojos cerrados.
—¿Suele hacer eso? —preguntó Peyrol, con incredulidad.
—Sí —dijo ella, con una extraña sonrisa sin sentido que no llegó a reflejarse en los ojos—. Lo hace a menudo. Me di cuenta hace tiempo. Se queda temblando bajo las mantas hasta que regreso.
—¿Qué fue lo que le impulsó a salir anoche?
Peyrol trató de atrapar su mirada de nuevo, pero ella supo eludirla, como era habitual. Y la sonrisa se hizo imposible en su rostro.
—Mi corazón —dijo.
Peyrol se quedó momentáneamente mudo, y hasta paralizado.