El pirata
El pirata —Temà acabar con nuestras posibilidades de llevar a cabo su plan, señor, si descubrÃa nuestra presencia en la playa. No habrÃa podido evitarlo. Además, sólo éramos cinco e inadecuadamente armados.
—Su duende es quien ha acabado con el plan, señor Bolt —manifestó secamente el capitán—. Pero debemos averiguar qué le ha sucedido a nuestro hombre, si podemos conseguirlo sin arriesgar demasiado.
—Podemos desembarcar esta noche con un buen destacamento y rodear la casa —sugirió Bolt—. Si los que encontramos son amigos, pues en paz. Si no lo son, podemos atrapar algunos y canjearlos como rehenes. Siento no haber regresado para secuestrar a aquella guarra… quienquiera que fuese —añadió temerariamente—. ¡Ah! ¡Si hubiera sido un hombre!
—HabÃa un hombre cerca, sin duda —dijo el capitán Vincent con ecuanimidad—. Ya veremos, señor Bolt. Ahora váyase y descanse un poco.
Bolt obedeció rápidamente, pues se encontraba cansado y hambriento tras su fracasada aventura. Lo que más le vejaba era lo absurdo del asunto. Aunque también habÃa pasado la noche sin dormir, el capitán Vincent se sentÃa demasiado inquieto como para quedarse allà abajo. De manera que siguió al oficial a la cubierta.