El pirata
El pirata —Este terreno es resbaladizo. De haber perdido pie, no me hubiera sido posible evitar echarle la mano encima y habrÃamos caÃdo juntos por este risco, lo que habrÃa proporcionado más información a los ingleses que la que hubieran podido obtener destacando veinte botes otras tantas noches.
El teniente Réal se vio en su fuero interno intimidado por la mansedumbre de Peyrol. Era inconmovible. Incluso fÃsicamente tenÃa la impresión de que su esfuerzo habÃa sido tan absolutamente útil como si hubiera intentado zarandear una roca. Se dejó caer en el suelo, preguntando descuidadamente:
—¿Por ejemplo?
Peyrol se inclinó con la compostura adecuada a sus canas.
—¿No ha pensado que de los más o menos ciento veinte ojos de ese barco, puede haber una docena vigilando la costa? Dos hombres cayendo por un risco hubieran constituido algo notable y suficientemente interesante como para que los ingleses enviaran un bote a echar un vistazo a nuestros bolsillos. Y me da la impresión de que, muertos o medio muertos, no nos encontrarÃamos en el estado más apropiado para impedÃrselo. No es que me hubiera importado por mÃ, ni sé qué papeles lleva usted en el bolsillo, pero están sus galones y su uniforme…