El pirata
El pirata —No llevo papeles en el bolsillo, y… —El teniente pareció turbarse por un repentino pensamiento, un pensamiento tan intenso y tan traÃdo por los pelos que pareció como si su cabeza se hubiese quedado en blanco. Se recuperó y siguió hablando en otro tono—: Los galones no serÃan de mucha información.
—No. No mucha. Pero suficiente como para hacer saber al capitán que se encontraba bajo vigilancia. Porque ¿qué otra cosa puede sugerir el cuerpo muerto de un oficial de la Marina con un catalejo en el bolsillo? Hay cientos de ojos que pueden mirar descuidadamente ese barco todos los dÃas desde todos los puntos de la costa, aunque me figuro que apenas se toman ya esa molestia sus habitantes. Pero es muy distinto saberse bajo observación. No creo, de todos modos, que todo esto importe mucho.
El teniente se estaba recuperando del impacto de aquel súbito pensamiento.
—Papeles en mi bolsillo —masculló para su coleto—. Eso serÃa una forma perfecta… —Sus labios abiertos se unieron en una sonrisa ligeramente sarcástica con la que se encontró la mirada de reojo de Peyrol, perpleja ante el inexplicable carácter de aquellas palabras—. Apuesto —dijo el teniente—, a que desde que llegué está usted devanándose los viejos sesos en cuanto a mis motivos e intenciones.
Peyrol replicó llanamente: