La aventura
La aventura —Ahora ya no me tocarán —dijo—. Deseaba ese ataque con agresión —de pronto volvió hacia mà sus vivos y sarcásticos ojos negros—… Pero usted, mi querido Kemp —dijo—. ¡Usted se ha metido en un lÃo espantoso! Obtendrán una orden de detención contra usted fundándose en el Acta de los Negros[7]. Conozco a la gente.
—Oh, no le importará —interrumpió Williams—. Le conozco; es una buena persona. Nada le asusta.
David Macdonald hizo un movimiento con la cabeza como dando a entender un ominoso presagio.
—Es un lÃo espantoso —dijo—. Pero ya me ocuparé yo de ellos. ¿Por qué le pegó a Topnambo? Es la bestia más rencorosa de la isla. Ellos lo considerarán un delito de alta traición. Son capaces de enviarle de vuelta a su paÃs bajo esa acusación.
—Oh, no hay que darse por vencido —dijo Williams, volviéndose hacia m×. Venga a comer conmigo a bordo, en Kingston, mañana por la noche. Si hay jaleo, veré lo que puedo hacer. O si no, puede usted venirse conmigo a La Habana hasta que esto se calme. Mi esposa está a bordo —puso cara larga—. Pero llegará a entenderse con ella. Le ayudaré a salir del apuro.