La aventura
La aventura Bebieron un poco de sangrÃa y se volvieron más bulliciosos. Yo no estaba muy tranquilo: habÃa mucha verdad en lo que Macdonald me habÃa dicho. Topnambo harÃa por supuesto todo lo posible por enviarme a la cárcel… para darme un castigo ejemplar por ser separatista y complacer asà al almirante y al duque de Manchester. Presa del encanto embriagador de su bebida, Williams se volvió cada vez más apremiante con sus ofertas de ayuda.
—Es una desgracia que mi parienta esté a bordo justo en este viaje. Pero ¡por Dios!, venga a cenar conmigo. Recibiré a algunos hombres de Kingston… verdaderos tipos extraordinarios que darán la cara por usted. Lo harán, en cuanto conozcan la historia.
Lo que decÃa tenÃa cierto sentido. Si lanzaban contra mà un mandamiento de prisión, él o alguno de los comerciantes de Kingston conocidos suyos, que tenÃan razones para no querer al almirante, podrÃan ayudarme bastante.
Por consiguiente, bajé hasta Kingston. Dio la casualidad que fue ese dÃa cuando ahorcaron a los siete piratas en Port Royal Point. Yo nunca habÃa visto un ahorcamiento, y un hombre asà era raro en aquellos dÃas. Quise evitar verlo, pero fue imposible encontrar un barquero que me llevase a remo hasta el Lion. Todos se morÃan por ver el espectáculo y, en parte por curiosidad, en parte de mala gana, me dejé llevar por la muchedumbre.