La aventura
La aventura —¿Se casó con el excelente Rooksby? —me preguntó—. Ah, qué desperdicio —se encerró en un nuevo silencio—. No habÃa ninguna otra mujer como ella en vuestro paÃs. Ella habrÃa podido… Es una tragedia que se haya casado con ese… ese excelente personaje, mi buen primo.
—Era un excelente partido —contesté yo.
Volvió a suspirar.
—Ahora, mi tÃo está dormido allà —dijo, después de una pausa, señalando a la puerta interior—. No debemos despertarle; es muy viejo. ¿No te importa hablar conmigo? ¿Esperabas poder verlos? Doña Serafina está también aquÃ.
—¿No te has casado con tu prima? —pregunté yo.
Yo querÃa ver a toda costa a la joven cuyos ojos se habÃan posado en mà momentáneamente, y me habrÃa disgustado desde luego que Carlos me hubiese dicho que ella se habÃa casado.
—¿Qué quieres? —contestó él, encogiéndose suavemente de hombros. Una sonrisa afloró en su rostro—. Ella es muy obstinada. Yo no le gustaba, no sé por qué. Puede que haya visto demasiados hombres como yo.