La aventura
La aventura —Puede ser, mi buen Juan, pero nosotros los cristianos no lo vemos con los mismos ojos que tú. Este hombre se rebeló contra vuestro gobierno, pero también padeció por la verdadera fe. Es un buen católico; ha sufrido por ello; y en la Isla-Siempre-Fiel eso es siempre un pasaporte. Ha ascendido muy alto: es juez del Tribunal de la Marina en La Habana. Por eso está hoy aquà acompañando a mi tÃo en este asunto de la entrega de los piratas. Mi tÃo le aprecia mucho. O’Brien fue al principio su escribano y mi tÃo lo hizo juez. También es intendente de sus propiedades y ejerce una gran influencia en RÃo Medio, la ciudad de mi tÃo. Te aseguro que si vienes a visitarnos, más vale que estés en buenos términos con el señor juez O’Brien. Mi tÃo es ya muy mayor y, si yo muero antes que él, supongo que este O’Brien acabará por casarse con mi prima, pues mi pobre tÃo está completamente en sus manos. Hay otros pretendientes, pero tienen pocas posibilidades, ya que es muy peligroso ir a RÃo Medio, la ciudad de mi tÃo, a causa de las intrigas de este hombre y de su ascendiente sobre el populacho.
Miré con atención a Carlos. El nombre de la ciudad me parecÃa familiar. De repente recordé que fue allà donde Nikola el Demonio, el pirata cuya fama casi lo convirtió en mito, habÃa vencido a la flota del almirante Rowley.