La aventura
La aventura Permanecà de pie, rÃgido, frente al viejo. De vez en cuando él bajaba la cabeza, sosteniendo cuidadosamente la copa plateada mientras se mecÃa un poco. Cuando la melodiosa voz de Carlos hubo terminado de enumerar los sonoros tÃtulos, mascullé algo entre dientes acerca del «honor trascendente».
Me interrumpió con un ligero gesto de la mano, deferentemente perentorio, y empezó a hablar, sonriéndome con una contracción de los labios y un ligero temblor de la cabeza. Su voz era muy baja y temblaba un poco, pero en la forma en que pronunciaba cada sÃlaba habÃa la misma pureza que en sus rasgos, sus manos, sus gestos anticuados.
—El honor es para mà —dijo—, y el placer. Me alegra tener delante a un pariente que con gran heroÃsmo, según me han contado, salvó a mi queridÃsimo sobrino de grandes peligros; es un honor para mà poder darle las gracias. Mi querida y llorada hermana contrajo matrimonio con un hidalgo inglés, a través de cuya casa su muy respetable familia se relacionó con la mÃa; es un placer para mà encontrarme después de tantos años con alguien que ha conocido los lugares donde ella pasó los últimos dÃas de su vida.