La aventura
La aventura —Abandone esa insolencia absurda. Voy a La Habana, maldita sea. ¿Desea saber algo más? Me llamo Lumsden; tengo sesenta años y, si le tuviese aquÃ, le darÃa un mamporro, especie de…
Hizo una pausa al quedarse sin aliento. Luego se dirigió a su pasajero:
—Es el barco fletado por España que trajo a esos sanguinarios piratas que fueron ahorcados esta mañana, comandante. Trae de regreso al comisionado español. Supongo que en Cuba no tenÃan a mano ningún otro buque de guerra. ¿Alguna vez…?
Me habÃa divisado por vez primera y se levantó de un salto asombrado.
—¿Quién demonios es ése?
Su asombro era comprensible. El comandante se marchó con orgullo, sin dignarse aclarárselo. Era una persona demasiado digna para dar explicaciones.