La aventura
La aventura Por un momento se oyeron unos roncos susurros; un brusco ruido repentino. Un rayo de resplandeciente luz amarilla procedente del suelo deslumbró mis ojos; Un hombre se abalanzó sobre mà y me clavó algo frÃo y nudoso en el pañuelo que llevaba al cuello. La luz seguÃa deslumbrándome; luego se elevó iluminando un chaleco rojo con botones dorados. Me iban a detener.
—… En nombre del Rey…
Era una catástrofe de lo más imprevista. Una mano me agarró por la garganta.
—No se queje tanto, mÃster Castro —me susurró una voz al oÃdo.
La luz del farol se apagó de pronto y escuché unos susurros.
—Llevadlo hacia la carretera… Yo agarraré al otro… Llevad las esposas… Cuidado con su cuchillo.
HabÃa caÃdo en sus manos como un maldito conejo. Uno de ellos me apretó el cuello con la mano y me sacó a trompicones de la carretera. CaÃmos rodando por el terraplén, pero él quedó encima de mÃ. Me pareció un episodio abominable, una mala pasada por parte del destino. DeberÃa haberme ahorrado estas sórdidas casualidades, pero la curtida mano del hombre me quemaba la garganta, era como un anticipo de otro collar. Y estaba terriblemente asustado por el misterioso poder de las leyes que estos hombres representaban, no podÃa pensar en hacer nada.