La aventura
La aventura —Entonces, lléveme con Carlos —dije yo—. Tengo que resolver esto.
Castro me miró con desconfianza.
—¿Seguro que no le pondrá nervioso? —dijo—. He visto morir súbitamente a gente en su mismo estado.
—Oh, no le pondré nervioso —dije.
Mientras remábamos hacia la orilla, empezó a señalarme las casas de los notables. RÃo Medio habÃa sido uno de los puertos más importantes de las Antillas en el siglo XVII, pero la rivalidad de La Habana habÃa arruinado su prosperidad, porque en su abra no tenÃan cabida los grandes navÃos modernos. Ahora no tenÃa comerció ni vida, y no habÃa nada salvo un obispo, un gran monasterio y unos cuantos oficiales retirados de La Habana. Al oeste de la catedral se extendÃa una numerosa colonia de deterioradas cabañas de paja y cobertizos de barro. Casa Riego era un palacio enorme, frente al mar, cuyas ventanas parecÃan troneras. Don Baltasar poseÃa prácticamente toda la ciudad y toda la campiña circundante y, salvo por su edad y debilidad, podrÃa considerársele un monarca absoluto.