La aventura

La aventura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Hubo un tiempo, joven caballero, en que las puertas de Casa Riego permanecían abiertas noche y día para acoger los lamentos y miserias de la gente, como las puertas de una iglesia… y tan respetadas. Pero ahora parece que…

Masculló algunas palabras con un poco de malhumor, pero pareció recuperarse.

—La seguridad de su invitado es tan preciosa para un castellano como el aire que respira —concluyó, mirándome benignamente aunque con atención.

Se levantó y pasamos a través de la doble hilera de sirvientes, alineados desde la mesa hasta la puerta. Junto a la fuente, una pequeña mesa redonda entre dos sillas soportaba un candelabro de varios brazos. La dueña estaba sentada enfrente de don Baltasar. Una multitud de estrellas estaban suspendidas sobre la intensa paz del patio.

—Señorita —empecé yo, armándome de valor y apelando a mi español—. No sé…

Ella caminaba junto a mí, con la cabeza muy erguida y el paso tranquilo. De pronto cerró su abanico.

—Fue el mismo don Carlos el que me dio la daga —dijo ella rápidamente.

De repente se abrió el abanico; la brisa ligeramente perfumada que acariciaba su persona apenas llegó a contactar con mis mejillas.

Ella notó mi confusión y dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker