La aventura
La aventura Me olvidé de ellos. Todo estaba en calma y me pareció estar mirando por la ventana de un castillo encantado situado en el paÃs de los sueños y el romance. Susurré el nombre de Serafina al claro de luna en un incesante arrebato.
—¡Serafina! ¡Serafina! ¡Serafina!
La belleza del sonido repetido me embriagó.
—¡Serafina! —grité en voz alta y me interrumpÃ, asombrado de mà mismo.
Y el romántico claro de luna pareció susurrar malévolamente desde abajo.
—¡Muerte al traidor! ¡Venganza por nuestros hermanos muertos en los patÃbulos ingleses!
—Vete, Manuel.
—No. Yo soy un artista. Mi alma lo necesita.
—¡Estate quieto!
Su murmullo sibilante ascendió a lo largo del muro bajo la ventana. Los dos lugareños habÃan entrado furtivamente sin que yo lo advirtiera. Se oyó un amortiguado zumbido metálico, como de una guitarra escondida debajo del capote.
—¡Venganza del hereje inglés!
—¡Vete! Es posible que abran la puerta de repente y caigan sobre nosotros con estacas.