La aventura
La aventura Pero ¿qué importaba eso, después de todo? No quería irme a menos que pudiera llevarme conmigo a Serafina. ¡Vaya sueño! ¡Un sueño imposible! Solo, sin amigos, sin ninguna parte a dónde ir, sin medios para hacerlo; incluso sin el derecho, ¡cielos!, de poder hablar de eso con ella. Carlos… Carlos había tenido un sueño… había soñado en sus últimas horas de vida. Inglaterra estaba tan lejos y el enemigo tan cerca; la misma Providencia parecía haberse olvidado de mí.