La aventura
La aventura Su inclinación de cabeza fue cortés; en su porte, tranquilo y presuntuoso, todo era gravedad; sus modales eran los de un hombre competente, el tipo de hombre que los poderosos de este mundo encuentran inapreciable y están dispuestos a confiar en él. Su rostro completamente rasurado tenía una expresión bondadosa, casi de buen humor, que yo había llegado a creer que debía depender de sus facciones, de la disposición de sus ojos… de alguna peculiaridad que no controlaba, o más bien que no podía conservar tan bien. En ciertas ocasiones, como ésta por ejemplo, esa expresión me hacía el efecto de un refinado cinismo; y por lo general asustaba, como la asunción de una máscara impropia a los gestos y los diálogos del personaje.