La aventura
La aventura El había viajado desde La Habana por vía terrestre, según su costumbre, llegando de noche inesperadamente, como había hecho tantas veces antes. Sólo esta vez había encontrado cerrada con cerrojo la portezuela que se abría a uno de los lados del portón. Fueron sus golpes al llamar lo que yo había oído mientras corría detrás del sacerdote. El mayordomo, al que habían llamado para dejarle entrar, me dijo después que el señor Intendente no le había hecho ninguna pregunta al respecto y que se había retirado a su habitación como de costumbre. Nadie sabía lo que pasaba en la cámara de Carlos, pero, desde luego, él había encontrado a las dos chicas delante de la puerta. No les dijo nada a ninguna de las dos, solamente se detuvo allí a esperar, apoyando un codo en la balaustrada con sus amistosos ojos grises fijos en la puerta. Ai menos había esperado ver salir a Serafina de un momento a otro, pero creo que no contaba con verme a mí también. Cuando se enderezó después de saludar, quedamos los dos uno al lado del otro.