La aventura
La aventura Entonces él se volvió hacia Serafina, con la palmatoria en la mano, diciendo cortésmente en español:
—¿Me permite ayudarla a alumbrar el camino hasta su puerta, ya que esa tonta de Juanita —creo que era Juanita— ha perdido el juicio? No está capacitada para quedarse a su servicio… no más que ésta.
Con un grito ahogado de desolación, La Chica se puso a sollozar sin fuerzas contra la pared. Di un paso al frente; y él, sosteniendo la vela bien alta, como si tuviese el propósito de examinar cuidadosamente mi rostro, no dejó de mirarme, mientras intercambiaba con Serafina algunas frases en francés, que no entendà lo bastante bien para poder seguir.