La aventura
La aventura —No importa —dije alegremente.
—Es que —dijo Rooksby— tendrás que abandonar el paĂs durante algĂşn tiempo. Hasta que pueda arreglarlo todo. Lo harĂ©, puedes confiar en mĂ.
—Oh, sĂ, tendrá que abandonar el paĂs con toda seguridad —dijo Rangsley jovialmente—, si quiere que todo se olvide. Hay cuarenta y cinco Ăłrdenes de detenciĂłn contra mĂ… pero no se atreverán a utilizarlas. Aunque Ă©l no es como yo.
—Es un asunto desagradable —dijo Ralph.
ParecĂa presa del más profundo desaliento. Bajo aquella luz brumosa tenĂa todo el aspecto de un jinete mortalmente herido regresando del campo de batalla.
—Dejad que venga con nosotros —la voz musical de Carlos nos llegó a través de la niebla—. Asà verá un poco de mundo.
—¡Por el amor de Dios, muérdete la lengua! —le respondió Ralph—. Bastante engorro ha habido. Irá a Francia.
—Oh, dejad, señor, que este galancete recorra el mundo durante uno o dos años —dijo Rangsley detrás de nosotros.