La aventura
La aventura —¿TendrÃa su Reverencia la amabilidad de interceder cerca de la más noble de las señoritas?
—¡Silencio! ¡No oséis pronunciar su nombre! —tronó el buen sacerdote, retirando la mano que aquellos intentaban agarrar y besar.
Desde el fondo de la pieza en donde me encontraba, noté las turbias miradas que me lanzaban aunque estuviesen agachados. El hombre que habÃa disparado, dijeron, ha expirado como consecuencia de sus heridas, en medio de atroces sufrimientos. Antes habÃan retirado de la puerta a los demás cadáveres. Un tipo larguirucho con ojos achinados y una cicatriz en la mejilla, llamado El Rechado, trató de informar a César, confidencialmente, de que su amigo Manuel se oponÃa a cualquier tipo de intrusión en las dependencias de la Casa, sólo que «ese tal Domingo…».