La aventura
La aventura —Oh, está bien —dije—. Es estupendo… estupendo. Esta mañana habrÃa pagado cincuenta guineas por tener semejante suerte. Oye, Ralph, puedes decirle a Verónica por qué me voy, pero ni una sola palabra a mi madre. Deja que se crea que he huido…; ¿eh? No desperdicies tu suerte.
Estaba tan agitado y tan arrepentido que no me dejó despedirme decorosamente. HacÃa ya tiempo que el ruido de los otros caballos se habÃa desvanecido colina abajo cuando se puso a contarme lo que él deberÃa haber hecho.
—Lo supe nada más dejarte ir. No deberÃa haberte metido en esto. Has estado a punto de morir asesinado. Y cuando pienso en eso… tú, su hermano…
—Oh, no importa —dije yo alegremente—, no importa. Tú tienes que quedarte con Verónica. Yo no dejo a nadie detrás de mÃ. Buenas noches. Adiós.