La aventura
La aventura —Entonces, el barco pasa esta noche por el canal [de la Mancha], ¿no? —dijo Rangsley—. Con este viento es preciso que estéis mar adentro en la bahÃa a las once y cuarto.
Al pie de la escala oÃmos un barullo anormal de voces, mezcladas con joviales reproches. Alguien gritó a través de la escotilla:
—Aquà está su tÃo, señó Jack.
Y un ronco murmullo lo corroboró.
—¿Otra vez estás borracho, tunante? —preguntó Rangsley—. Escúchame… A las once y cuarto hay que subir a estos tres hombres a bordo del Thames.
La respuesta fue un gruñido.
—Hay que subir a estos tres hombres a bordo del Thames a las once y cuarto —repitió Rangsley lentamente.
Un nuevo gruñido le respondió.
—Hay que subir a estos tres hombres a bordo del Thames a las once y cuarto… —dijo Rangsley una vez más.
—Hay que subir… aguarda… tres hombres a bordo del Thames a las once y cuarto —dijo entre hipos una voz detrás de nosotros.
—Muy bien, procura hacerlo —dijo Rangsley—. Está tan borracho como una cuba —nos comentó—. Pero si le repites tres veces, las cosas, no las olvida… escúchale.