La aventura
La aventura Una amortiguada voz de falsete flotaba por encima de aquella bruma asentada sobre el mar como un denso y lechoso sedimento de aire, sobre el que se reflejaba extrañamente la luz de la luna. Nos pareció estar respirando en el seno de un mar poco profundo, blanco como la nieve, reluciente como la plata, y de una opacidad por todas partes impenetrable salvo por encima de nuestras cabezas, donde el disco amarillo de la luna brillaba a través de una tenue nube de vapor. La feroz alegría de aquellos golpes sordos, el sonido metálico de la guitarra, el estridente canto, fueron en crescendo hasta culminar en un estallido de voces balbuceantes, una insensata aceleración del rasgueo y un grito estruendoso, «¡Alto amigos!», seguido de un estrépito de remos.