La aventura
La aventura En cuanto miré más arriba también lo vi: sobresalía amenazadoramente como el saliente de un acantilado. ¿Adonde demonios nos había llevado nuestra metedura de pata? Durante un momento quedé desconcertado. Los flameantes reflejos de una luz revoloteaban por encima de la confusa silueta. Entonces reconocí lo que estaba mirando. Habíamos encontrado el barco.
La bruma era tan superficial que allí arriba la parte superior de una popa pesada, así como los pasamanos y candeleros que la coronaban formando una especie de balaustrada, sobresalían en medio de aquel resplandor vaporoso como el balcón de un edificio invisible, pues los costados del casco se hundían en la densa capa blanca de abajo. Y echando hacia atrás la cabeza, localicé sus velas en calma, pináculos de sombra gris perla que se alzaban inmóviles y a mucha altura apuntando a la luna.