La aventura
La aventura —Bien, muchachos; vosotros, artilleros, procurad echarlos con la cabeza bien alta. Jack, no pierdas de vista a ese pobre inglés en apuros. ¿Qué ha sido eso? ¿Un ruido en la bruma? Estar atentos. Vamos, pues, ¡cocinero!…
—El servicio está ya dispuesto, señor —le respondió una voz.
Era una verdadera locura. ¿Era posible que pensaran en comer? Pero incluso esas palabras inglesas hicieron que mi corazón palpitara por lo que tenÃan de familiar. CreÃa reconocer todas las voces, como si ya hubiese hablado con cada uno de aquellos hombres. Me traÃan recuerdos del pasado, como las voces amigas. Mas en aquella angustiosa conversación, tan desconcertante e irracional, habÃa una extraña impertinencia, una ligereza, una enemistad, como la de esos hombres inaccesibles que se aparecen en nuestras pesadillas.
Tanto nosotros, en el bote, como ellos, a bordo del barco, escuchábamos ansiosamente. Durante algún tiempo reinó un profundo silencio.
—A mà me trae sin cuidado —intenté decirle una vez más, hablando con claridad—. Pero en el bote hay también una dama a quien amenaza un gran peligro. ¿No harán nada por una mujer?
Por el murmullo que se oyó a bordo comprendà que mis palabras habÃan causado cierta sensación.