La aventura
La aventura —¿O es que a toda la tripulación de este barco le asusta dejar que un pequeño bote se ponga a su costado? —añadà yo, al cabo de un rato, tras esperar una respuesta.
Alguien a bordo se aclaró ligeramente la garganta.
—¡Ejem!… Comprenda, no sabemos quiénes son ustedes.
—Ya le he dicho quién soy. La dama es española.
—Ni más ni menos. Pero en estos tiempos que corren hay ingleses e ingleses. Algunos de ellos frecuentan muy malas compañÃas en tierra, y otros a bordo. No puedo pensar en subirles a bordo a menos que sepa algo más de ustedes.
Me pareció detectar algo de mala intención en aquella voz suave. Tanto es asà que oà por casualidad un rápido intercambio de refunfuños allá arriba.
—¿Le veis todavÃa?
—Nada en absoluto, señor.
—Esperen, les digo.