La aventura
La aventura El tosco bote pasó, levantando espuma, a una distancia similar al largo de un remo, no más, dirigiéndose sin rodeos hacia el clamor del combate. La última ráfaga de viento debía haber disipado la bruma sobre la estela del barco; pues, poniéndome de pie, mirando al frente para meter el remo, lo vi surgir con la popa hacia nosotros, desde los vertellos a la línea de flotación, alto e inmóvil en su borrosidad, pero resonando en él los ruidos más furibundos y tremendos. Un enjambre de barcas vacías se aferraba a su costado de babor, como si se tratase de una balsa.
Mezclados a los gritos de furor y de odio reflejados en las apacibles velas, oímos unos ruidos sordos y estrepitosos, como en un combate con garrotes y hachas de guerra.