La aventura
La aventura Él me sujetaba las manos contra el cuerpo. Vi sus rostros furiosos inclinados sobre mà y muchas manos asesinas que se levantaban. Nadie podÃa decir, desde luego, que yo no fuese uno de los piratas que les habÃan abordado, jamás en toda mi vida me habÃa visto en semejante peligro. SentÃa todo el furor de la rabia y la mortificación. ¿Iba a morir asÃ, espantosamente pisoteado, cuando estaba a las puertas de la salvación, de la libertad, del amor? Y en aquellos instantes de lucha feroz, vi, como sólo se ve en momentos de cordura y meditación, la sombra del destino pérfido que se cernÃa sobre mi alma… sobre toda mi vida. Y Serafina estaba allà en la barca, esperándome. ¡El mar! ¡La barca! Ahora estaban en otra parte, en otro paÃs, y yo nunca más…
Una voz penetrante gritó:
—Volved allÃ. Manteneos firmes. Cogedlo vivo.
Me llevaron arriba a rastras.