La aventura
La aventura —Señorita… protección del oprimido; oh, hija de la piedad… Señorita.
Ese lamentable escándalo hizo acudir alrededor de nosotros a la mitad de la tripulación: los marineros retrocedieron ante el oficial Sebright, a quien seguÃa de cerca un hombre corpulento con chaqueta y pantalones holgados. Se detuvieron.
—Un encuentro inesperado, capitán Williams —fue lo único que fui capaz de decirle.
ParecÃa incómodo y me estrechó la mano en medio de un silencio embarazoso.
—¿Cómo está usted? —me dijo apresuradamente.
Un instante después añadió, con aspecto desconcertado y casi formal:
—Espero, Kemp, que pueda darme una explicación satisfactoria…
Le respondà un poco improvisadamente:
—¡Vaya, los dos hombres que maté deben de ser credenciales suficientes para cualquier propósito inmediato!
—No es eso lo que quise decir —respondió él.