La aventura
La aventura —Supongo que meterlo en la carbonera hasta que lleguemos a La Habana. No descansaré hasta verle subir al patÃbulo. El Capitán General estará harto de este asunto, o no me llamo Williams. Armaré un alboroto en mi paÃs con todo esto. Usted me ayudará, Kemp. No le tiene miedo a los peces gordos. Usted no. No le tiene miedo a nada…
—Este tipo es un diablo y un tirador certero —soltó Sebright—. Y también una verdadera suerte para nosotros, señor. Es sencillamente maravilloso haber encontrado a alguien asÃ, mÃster Kemp. No nos queda ni un grano de pólvora que no se haya solidificado en los botes de metralla. Nada me quitará de la cabeza que alguien ha entrado en contacto con la revista mientras estábamos anclados en Kingston…