La aventura
La aventura Su propósito era animarme con algún cotilleo, si podía encontrar algún conocido común del que hablar. Creo que me consideraba un tipo raro. Una vez me contó que todos los que conoció en Jamaica tenían esa misma opinión de mí. Luego se reía y susurraba: «Órdenes de detención… asalto… Topnambo… ¡ajajá!», para a continuación dejarnos solos y seguir con su contoneo de un lado a otro de la toldilla. Llevaba holgados pantalones de seda, en cuyo interior sus piernas arqueadas se movían como un artefacto hecho con dos postes.