La aventura
La aventura Era un poco absurdo. Todos lo eran para nuestra afable sensatez. Pero era bueno respirar aquella atmósfera, llena de interés y buena voluntad. El propio despensero —el mismo que se habÃa escondido en el lazareto durante la pelea—, una criatura perseguida que exhibÃa la más insignificante anatomÃa que jamás habitó espÃritu tembloroso alguno, se dedicaba a la fabricación de extraños pasteles, que a la hora del té depositaba todavÃa humeantes frente al asiento de Serafina. Después de tales proezas, parecÃa asombrado de su audacia al encargarse de tantas cosas. Al carpintero le llevó más de un dÃa arreglar un viejo bote del barco. Nacido en las islas Shetland, era una especie de gigante hiperbóreo, peludo y de rostro repulsivo, con un apreciable aire contemplativo y muchos clavos en la boca. Al fin llegó un momento en que él también se acercó por detrás a nuestro refugio con un martillo grande en la mano; pero en lugar de rompernos la crisma con un solo barrido de su poderoso brazo, simplemente comentó con tosco acento.
—Eso es; estoy pensando que ella hará bien lo que usted le pida.